martes, 5 de enero de 2016

CAPÍTULO 6: CRIANZA

Siempre me han gustado los chicos, más por su forma de ser que por el físico, aunque también ha de haber una “chispa”, porque hay gente que tienes claro que aunque tenga buen físico o sea muy agradable, no hay ninguna clase de “conexión”. A pesar de que yo era una chica bastante reservada y quizá un poco tímida, como dicen, “antes de que se me pasara el arroz” me atreví a dar el primer paso con aquel chico que hoy es mi pareja y con quien tengo dos hijos maravillosos.
 Tardamos un poco en llegar a la cama y aparte que él no sabía besar, tampoco era demasiado diestro con el sexo. Así, además de que era de “gatillo” fácil, también tardó bastante en llegar a darme un orgasmo en condiciones, pero cuando por fin me chupó la flor por primera vez, me meé de gusto en la cama. Nunca había experimentado tanto placer antes. Ni yo misma sabía que aquello era posible. Él encontró el botón oculto que ponía en marcha mi mecanismo. No fue cosa fácil, porque como dice, parece que cada vez tengo este botón del placer en un lugar diferente. Entonces fue aprendiendo y soltándose mucho. Ahora él no tiene límites en el sexo y todo se debe decir: es bastante creativo y fogoso. Así, fuimos practicado de todo y poco nos debía quedar por descubrir o probar, pero dejando los juegos aparte, llegó el momento en que decidimos ser padres.
Sólo faltaba dar el paso. Fue mi regalo de aniversario. Así, mientras jugábamos con unos preliminares sin protección, le cogí por el culo mientras me penetraba y sin dejarlo retroceder, le susurré al oído que quería a que se corriese dentro de mí. La cara le cambió por completo, y más aún cuando me llenó con su leche, tanta que incluso me va rezumó por la entrepierna. Ya habíamos dado el primer paso, pero poco después, la menstruación  volvió a manifestar. Entonces nos pusimos al trabajo con ganas, haciéndolo noche y día y un día tras otro y de todas las maneras posibles, ahora ya con la libertad de no hacer uso de goma alguna. Pero por mucho sexo que practicásemos, la vida se abrió camino cuando ella consideró. Con el segundo fue mucho más fácil y en un santiamén, me volví a quedar preñada. Ahora nuestra vida ha cambiado por completo y el sexo ha quedado en segundo lugar.
Es cierto que me gusta mucho mi marido, el sexo con él, sentirlo dentro de mí, que me dé placer, pero todo se debe decir: a veces él es tan rápido que yo me quedo despagada y a medias, a pesar de que igualmente pueda acabarme el trabajo con la lengua. Y por el contrario, otras veces tarda tanto en excitarme y encontrar mi punto, que debo acabar fingiendo mi orgasmo para concluir ya y poder irnos a dormir y descansar de un día agotador como muchos otros. No se lo he dicho nunca por miedo a ofenderlo. ¡Pobrecito mío! Pero por suerte a mí me gusta más que me abrace y me bese, que me acaricie; su aliento, su cuerpo robusto, sus manos fuertes apretándome el cuerpo, su cabeza redondita con el cabello cortito, lo mañoso que es, que no hay nada que no lo sepa hacer bien; pero sobre todo, la confianza que tenemos y el padre que es. Me gusta verlo jugando con los niños y sentir como ríen con él. Me gusta ir juntos a todos los lugares y pasarlo bien.
He realizado muchos trabajos pero ninguno me ha gustado más que criar a los hijos. Así, cuando me quedé embarazada del segundo, preferí dejar mi trabajo y dedicarme a jornada completa a criar los hijos, porque esta edad y experiencia, es breve y prácticamente sólo tenemos unos instantes para vivirla. Bajo mi punto de vista, no creo que pueda existir ningún trabajo mejor. Eso sí, no hay trabajo sin horario, en el que deba estar disponible las 24 horas, todos los días del año y sin estar remunerado. Pero compensa ese esfuerzo y no esperas nada más que puedan ser felices.
No obstante, a veces me siento mucho desbordada, sobre todo cuando los dos niños requieren mi atención, haciéndolo normalmente con gritos y lloros. También hay momentos que preferiría estar trabajando o en los que espero que mi marido vuelva pronto a casa y se los lleve al parque o a cualquier otro lugar y así poder desconectar. No me apetece estar con ninguno de ellos. Así hay momentos que he llegado a pensar que no estaba siendo buena madre ni siendo buena pareja.
Delante situaciones de estrés, siempre me ha dado por cantar, apretar los dientes, hacer ejercicio o comer, pero incluso esto ha cambiado con la maternidad. Ya no tengo tiempo para coger mi guitarra y cantar o hacer ejercicio, porque a menudo estoy hecha polvo por no dormir todo lo que mi cuerpo necesita; o tengo los brazos doloridos de cargar con los niños; o me duele la espalda por las malas posiciones al dormir mal y dar pecho o tener encima de mí al pequeño. No paro teniendo que despertar al pequeño y levantando al mayor para llevarlo a la escuela y recogiéndolo una y otra vez, teniendo que romperle el sueño al pequeño.
Entonces me enciende que él pueda tener ganas de sexo o que mientras lo hacemos me diga guarradas como “tenía ganas de follarme”. Me gustaría que fuese más romántico, más sensible, que dejara de decir estas groserías o de gemir mientras lo hacemos. A pesar de que él es bastante tierno y afectuoso, a veces el sexo con todo esto se vuelve vulgar y basto. Tampoco me gusta nada que cuando vuelva a casa se pase más tiempo con el ordenador o pendiente del móvil que de nosotros. Él, que come en un minuto y caga en otro minuto, es capaz de tirarse media hora en el váter si se lleva allá dentro del móvil. Es cierto que me ayuda muchísimo, que a mí no me gusta cocinar y él lo hace bien, que ayuda con el orden y la limpieza de la casa, pero nunca lo he visto poner una lavadora, tender o guardar la ropa y a pesar de que la vea por el medio, es incapaz de quitarla si yo no se lo pido.
No me gusta que a veces no tenga en cuenta que yo estoy con los niños todo el día pero pendiente de las necesidades de ellos y de las cosas de casa, estoy cansada y no puedo jugar con ellos. Y míralo ahora, llega el fin de semana y él está aquí de morros todo el día. No me gusta que no hable más y que acabe explotando. No sé qué le pasa, pero ¡ya se apañará! ¡Aún suerte que inventaron el chocolate!
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martes, 29 de diciembre de 2015

¿Por qué la sexualidad no madura con la relación?

La falta de relaciones sexuales puede ocasionar problemas de pareja. Un estudio de la Universidad de la Trobe, en Australia, sugiere que 54% de los hombres y 42% de las mujeres creen que su sexualidad en pareja es mala, después de tener tiempo juntos. Las parejas concluyen que se pierde la frecuencia de los encuentros íntimos y la satisfacción es menor.
¿Por qué se apaga la llama? La experta belga en sexualidad Esther Perel revela algunas razones del por qué la sexualidad no madura al igual que la relación.
Espacio: Al comenzar una relación siempre quieres estar con la pareja, tenerlo en cuerpo y alma, sin darte cuenta que el despertar el deseo y la pasión necesita que cada uno tenga su espacio. Dale su espacio y deja que te desee, que al momento del encuentro sexual todo mejorará.
Autoexploración: Para decirle qué te gusta en la intimidad, tienes que autoexplorarte antes de comenzar una relación. Si no le dices lo que te gusta y lo que no te gusta en el sexo, irá perdiendo el deseo al ver que no puede complacerte.
El deseo sexual y la pasión no sólo pasan por atracción física, sino por cuestiones emocionales.
Para descubrir qué aspectos mantienen el deseo, deberíamos saber primero qué cosas lo aniquilan. No me gusta mi cuerpo, no tengo tiempo para mí, siento que no tengo derecho a querer o a recibir placer, tengo baja autoestima, las cosas no me salen bien… Estas son algunas respuestas frecuentes a la pregunta ¿qué cosas terminan con tu deseo?
¿Qué aspectos mantienen el deseo en una pareja?
La experta recuerda que es necesario entender que el deseo es una forma de estar vivos, conectar con la energía vital que todos tenemos. Además señala que:

  • La paradoja entre amor y deseo es que aquellos aspectos del amor que nos gustan (protección, preocupación, responsabilidad) pueden sofocar el deseo.
  • El deseo viene con una serie de ingredientes que no siempre favorecen el amor (celos, poder, travesuras, dominación)
  • La mente erótica no es políticamente correcta.
  • El deseo viene con una cierta capacidad de egoísmo que nos sirve para conectar nuestro propio yo en presencia del otro.
  • El principio del deseo es la necesidad exploratoria, de curiosidad y de conocimiento.
  • Tener mucha intimidad sexual propia y en pareja.
  • Entender que hay un espacio erótico que pertenece a cada uno de ellos.
  • La estimulación erótica no es algo que se logre en cinco minutos.
  • La responsabilidad y deseo sólo pelean.
  • Las parejas eróticas también entienden que la pasión aumenta y disminuye, por lo que saben cuando resucitarla.
  • El mito de la espontaneidad constante se cae.
  • Sexo comprometido= sexo intencionado, con voluntad, intencional.
  • Sexo= presencia.


Fuente: EME
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martes, 22 de diciembre de 2015

CAPÍTULO 5: CONJURO (II)

Quizá entre uno y otro, desbordados por la crianza, nos abandonamos poco a poco. Ahora, cuando nos despedimos, lo hacemos ya con un casto e insípido beso. Al volver a casa, aparte de algo del trabajo, de la escuela o de los progresos del pequeño, parece que poco debemos decirnos cada día. Estamos cansados de la jornada porque tampoco dormimos mucho, pero además lo hacemos en camas separadas, dado que los niños han crecido y ya nos resulta incómodo de otra manera. Entonces cada uno duerme con uno. Así, la cama ya no es ese lugar donde aparte de practicar los juegos amatorios, también hablábamos tranquilamente. Casi no tenemos tiempo de ver una película juntos sin interrupciones. El sexo también lo practicamos muy a la larga y siempre en fin de semana. Incluso he renunciado a salir con los amigos y la bicicleta los domingos por la mañana, porque como los sábados los niños se acuestan tarde, es más probable que nosotros nos levantaremos antes y podamos gozar los dos de un instante a solas que poder invertir en el sexo. Por desgracia, muy a menudo me quedo esperando y ella se levanta tan tarde como los niños o incluso el mayor se despierta antes de que ella. Curiosamente nuestros hijos son de esos que entre uno y otro, incluso sin haber hecho la siesta, son capaces de acostarse a la una de la noche y levantarse a las ocho de la mañana. ¡Tiene cojones la cosa!
Normalmente con esto de tener dos hijos o más, te encuentras que cuando uno duerme, el otro está despierto; cuando no está enfermo uno, lo está el otro... Así que entre unas cosas u otras acabas por no tener ni un momento para estar a solas con la pareja. Y en ese casual y remoto instante que los dos niños duermen y parece haber alguna disposición a tal efecto por las dos partes, para darle un poco de sustancia al acto y que no sea ese encuentro desesperado que va directamente en busca del placer, empezamos con unos besos, caricias y abrazos. Cuando ya nos hemos sacado de encima toda la ropa y vamos a dar paso a los órganos sexuales, casualmente llaman al timbre, llora un niño o el otro, o uno se despierta y pide nuestra presencia, o suena el teléfono, porque además, lo cierto es que por mi trabajo yo también conozco a mucha gente con el don de las llamadas inoportunas. ¡Todo se va a hacer la mano! Realmente es como si hubiese alguna clase de conspiración o nos hubieran lanzado un conjuro que contribuye a apagar las pocas brasas de la pasión que aún puedan permanecer.
Entonces me quedo caliente, frustrado y pensando que cuando tengan novio o novia se acordarán de su padre. Mi mujer se va a la cama a darle pecho al pequeño y sé que ya no volverá porque se dormirá pronto, o si es por la mañana, volverá con un niño al brazo. Ya no me queda otra que esperar a la noche siguiente y recurrir a ver un fragmento de una socorrida película porno que se ha vuelto en mi asidua compañera sexual. ¡Como me gustaría coger por banda a mi mujer o que ella me cogiera a mí e hiciésemos todo aquello viejo y nuevo que ven mis ojos con glotonería!
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martes, 15 de diciembre de 2015

Sexualidad plena en la menopausia

A pesar de los cambios hormonales que ocurren en esta etapa de vida de la mujer, es posible tener relaciones sexuales placenteras. 
La menopausia es una etapa en la vida de la mujer en la cual intervienen varios cambios hormonales, debido a una disminución en la producción de las hormonas femeninas (estrógenos y progesteronas). Se caracteriza por la interrupción de la menstruación y la eventual aparición de problemas físicos, los cuales pueden perturbar la sexualidad. Es el caso de la sequedad vaginal, ya que los estrógenos contribuyen a mantener la vagina lubricada. Luego de la menopausia, las secreciones estrogénicas son menores, por lo que los órganos genitales pierden su flexibilidad. De esta manera, la mujer puede sentir dolores o incomodidades durante la penetración, lo que impide tener relaciones sexuales satisfactorias. 
Por otro lado, la menopausia acarrea cambios en el deseo sexual. De hecho, algunas mujeres tienen mayor libido, mientras que otras sufren de una reducción importante de la misma. Afortunadamente, es posible aminorar las molestias que se desarrollan durante la menopausia para tener una sexualidad placentera.
6 TRUCOS PARA NO TENER PROBLEMAS

  1. Ritmo: La menopausia puede provocar sequedad vaginal. Para no sufrir este doloroso problema, debes tener relaciones sexuales regulares (2 veces por semana como mínimo). Esto contribuye a estimular la lubricación natural de la vagina. Además, el semen contiene una cierta cantidad de estrógenos, por lo que dichas hormonas penetran en el organismo de la mujer y equilibran la falta de producción de las mismas.
  2. Perineo: Para que tu vagina mantenga una buena lubricación, se recomienda reforzar el perineo, el cual es la región anatómica que corresponde al suelo de la pelvis. Para eso, debes efectuar ejercicios de contracciones a diario. Acude a un sexólogo para que te indique cómo realizarlos.
  3. Preliminares: Las modificaciones hormonales pueden tener un impacto negativo sobre la libido de la mujer. Por eso, es necesario tomar tiempo para efectuar juegos preliminares, ya que aumentan el deseo sexual. Además, mejoran la producción de secreciones lubricantes, lo que limita el dolor durante la penetración.
  4. Lubricante: No debes dudar en utilizar un lubricante a base de agua para no tener dolores durante la penetración. Aplica el producto sobre la vulva y en la entrada de la vagina. Toma en cuenta que la acción de los geles lubricantes dura 2 días. Por lo tanto, no se usan a diario, sino 2 o 3 veces por semana.
  5. Fantasías: Puedes luchar contra la falta de libido causada por la menopausia, estimulando tu imaginación para tener fantasías sexuales. Generalmente, los pensamientos eróticos incrementan el deseo sexual en muchas mujeres. No dudes en leer novelas o mirar películas eróticas. También es importante hablar con tu cónyuge para que decidan juntos cuáles son las fantasías que pueden cumplir.

Si no logras disminuir los dolores y las incomodidades con los trucos anteriores, acude al ginecólogo para que te brinde consejos y te prescriba eventualmente un tratamiento hormonal. Asimismo, no dudes en consultar a un sexólogo, ya que los problemas sexuales pueden estar relacionados con dificultades diversas (tensiones en la pareja o estrés, por ejemplo).

Fuente: Opinion.com.bo
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martes, 8 de diciembre de 2015

CAPÍTULO 5: CONJURO (I)

No es fácil ser padre y menos aún mantener la relación de pareja fresca como cuando nos conocimos. Lo cierto es que yo veía pasar los años y pensaba que aun así, nuestra relación mantenía el enamoramiento apasionado como si aún fuéramos novios. Recuerdo mis cuñados, que cuando nos veían besarnos apasionadamente a toda hora y en cualquier parte nos decían: “¡Ieee! ¡Que pase el aire!”, pero igualmente nos decían que eso es siempre así de bonito al principio, de novios. Después todo cambia. Quizá nosotros no lo creíamos y estábamos haciéndolo durar más que nadie. Escuchaba mucha gente quejarse de la decadencia de su vida conyugal y de la falta de sexo; a menudo se quejaban también del hecho de tener hijos, de las tareas del hogar y lo poco que hacían sus maridos en casa; de lo triste y malo que era finalmente vivir en matrimonio... Entonces yo me sentía más orgulloso aún; me consideraba afortunado porque nuestra relación era muy diferente a todo lo que oía a mi alrededor.
Estaba convencido de que la estima se marchitaba en todas aquellas parejas en las que los hombres no saben ser buenos maridos y yo pensaba que lo era, que aparte de satisfacer a mi pareja en la cama, le ayudaba mucho en casa: yo era quien hacía la compra, quien cocinaba y fregaba los platos; también era una persona ordenada que se ocupaba de limpiar la casa; igualmente cambiaba los pañales o vestía a los niños y jugaba con ellos; les lavaba los dientes; cuidaba de mi mujer y siempre reservaba la mejor porción de la comida para ella, que estaba dando de mamar. Además, también era muy afectuoso con ella y los niños. Igualmente era un hombre muy aseado, que se conservaba bastante bien para su edad, que era activo y que tampoco era de esos que se pasan el tiempo libre con los amigos en el bar o sentado en el sofá mirando el fútbol o las carreras de motos. Estaba convencido de que esta clase de hombre que yo era estaba muy buscado y se cotizaba bien. Entonces, como recompensa y valoración del buen marido que era, igualmente estaba convencido de que resultaba más fácil de estimar y por eso me daban más sexo que al resto de maridos convencionales, dado que al fin y al cabo actualmente el sexo es la moneda con la que se mide el estado de una relación. Por lo menos al principio así era. Pero parece que tarde o temprano...
Después de venir los hijos, también pasó más tiempo y la cosa fue complicándose. Todo empezó con lo de la crianza natural y el colecho. Nada de biberones y de dejar a los niños con los abuelos o en la guardería; conducíamos los niños a golpe de teta y dormíamos todos en la misma habitación después de haber juntado dos camas. Éramos como un “pack” indivisible: la familia al completo siempre juntos, día y noche. Todo se debe decir, es bonito y da gozo, pero siempre hay cosas que no se ven desde fuera.
Yo sin más, como todo el mundo que se estrena en este mundo y toma determinadas decisiones sobre el camino a seguir, acepté lo de la crianza natural y el colecho sin saber todo lo que afectaría la vida de pareja. Está claro que puede resultar lo mejor para los hijos y su desarrollo, que al fin y al cabo ellos son lo más importante del mundo,... pero a pesar de que pueda parecer egoísta, debo decir que por delante están los padres. Si entre ellos no se cuidan, no mantienen su unión, no se sienten a gusto, no acabarán dando a los hijos todo lo que en realidad se busca con este o cualquier otro modelo educativo. Por eso se inventaron las guarderías, los tíos, los abuelos, las cuidadoras infantiles, las habitaciones para los niños, las cunas y los biberones... Porque las parejas, los hombres y las mujeres, necesitaban tiempo para ellos y sus cosas.
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martes, 1 de diciembre de 2015

Razones por las que los hombres no desean usar el condón

La explosión demográfica y el aumento entre la población de enfermedades de transmisión sexual son suficientes motivos para el uso del condón en cada acto íntimo, sin embargo, ¿por qué, aún con la información en medios e instituciones, los hombres de niegan al uso de preservativo?
De acuerdo con Ivonne Vanessa Silva, coordinadora nacional del Programa Gente Joven de la Fundación Mexicana para la Planeación Familiar (Mexfam), las mujeres tienen su primera relación a los 16 años en promedio y 64 % de ellas, de entre 15 a 19 años, no usan métodos anticonceptivos.
MÁS ALLÁ DEL LÁTEX
La industria ha invertido grandes esfuerzo para incrementar la resistencia y aumentar el placer en el uso de los condones, pero, ¿por qué los hombres se niegan a usarlos? Con información del urólogo y andrólogo de la Fundación Puigvert, Antonio Fernández Lozano, te ofrecemos cuatro razones:

  1. Psicológicas: Muchos hombres sienten que al ponerse un condón pierden sensibilidad en el pene, porque dejan de tener contacto directo con la humedad de la vagina, un lugar cálido y acogedor para ellos.
  2. Pierden la pasión: El simple hecho de interrumpir la relación sexual puede hacer que pierdan la erección.
  3. Biológicas: Antes que nada, somos animales. Y como animales que somos, la función de las relaciones sexuales es, esencialmente, reproducirse. Por tanto, muchos hombres pueden descartar el uso de condón de forma casi instintiva.
  4. Condición física: Algunos hombres son alérgicos al látex e igual que un cirujano alérgico no podría usar guantes de látex, tampoco pueden ponerse un preservativo.

Los programas de educación sexual pueden retrasar la edad en que los adolescentes comienzan a tener relaciones sexuales, además de reducir el número de parejas con las que tienen intimidad y aumentar el uso de condón.
Recuerda que en la sexualidad todo está permitido, siempre que exista respeto y confianza en la pareja.

Fuente: Revolución tres punto cero
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martes, 24 de noviembre de 2015

CAPÍTULO 4: MADRE

El hecho de ser madre es una experiencia que no cambiaría por nada del mundo, pero también dicen del embarazo que es una vivencia maravillosa y muy bonita para la mujer, a pesar de que los míos no fueron así.  Resultaron más largos de lo habitual, llenos de angustias, incomodidades y dolores, aparte que también acabaron teniendo que provocarme los dos partos y me dejaran el coño como para no volvérmelo a tocar. Además, desde el primer embarazo y hasta día de hoy, no he podido dormir una noche entera.
En el primer parto sentí sensaciones muy fuertes, donde creía que el nacimiento de una criatura incluso podía dar paso a la muerte de otra. Pero después de tantos sufrimientos y una tijeretada, en unos instantes sentí un gran relax, alegría, paz y amor, tanto para el ser que había estado formando parte de mí, como para mi pareja. Él había estado a mi lado durante todo este largo proceso dando todo su apoyo. En estos momentos el bebé ya empezaba a formar parte de los dos. Ahora ya éramos tres, es decir, el tiempo que dedicaba a mi pareja, a mí misma, a mis aficiones, a mi trabajo o a otras personas, pasó a ser casi exclusivamente para el recién nacido.
La maternidad empezó siendo un tanto dura, sobre todo por la inexperiencia de los dos, acompañado por el hecho de darle pecho, que es una sensación muy bonita e inigualable como también dice mucha gente. Lo que no te dicen es que ya no podrás ni ir a cagar sola. Nuestro primer hijo tenía un “apego” tan grande, que no quería estar al brazo de nadie y entonces dejé de tener tiempo para cualquier otro.
La verdad es que la crianza absorbe mucho a la persona que está criándolo. Se forma como un círculo alrededor de ver si ha dormido, ha cagado, ha comido, ha meado; si tiene hambre, sueño, quiere jugar... El niño es el centro de toda tu atención para que esté bien. Sin percatarte, ya no practicas tus aficiones; ya no sabes qué es de los amigos y lo más importante, que la persona con quien decidiste empezar esta aventura se puede sentir desplazada, porque ya no tienes ese tiempo para poderla estimar a solas o simplemente darle toda tu atención. Incluso escasean esos pequeños gestos que teníamos antes y que no te percatas lo importantes que son hasta que ya no los tienes.
Tenía muy claro que no quería repetir la experiencia del embarazo y el parto, pero los años pasaron, nosotros también nos hacíamos más mayores y acabamos decidiendo tener otro hijo para que este no estuviese solo y también tuviera con quien jugar. Todos me decían que el segundo sería más fácil, que ya tenía el camino hecho, pero parece que este quiso hacerse su propio camino y todo resultó igual de complicado que con el primero. Ahora ya somos cuatro, aunque pienso que sólo nos quedarán unos dos o tres años más de sufrir un poco, hasta que el pequeño tenga ya más autonomía.
Lo cierto es que desde que fuimos padres, ya no nos hemos ido a cenar ninguno de los dos a solas con amigos o compañeros de trabajo ni a cualquier otro lugar por nuestra cuenta. Nos pasamos la vida quedando con los amigos cuando los encontramos por la calle, pero lo cierto es que no llegamos a juntarnos nunca con ellos.
Después del trabajo o estar todo el día con los niños, no nos queda tiempo ni ganas para nada más. No sé cómo se lo apañarían mis padres con cuatro hijos. Con razón nos íbamos a la casita todos los fines de semana, porque allá nos dejaban sueltos como gallinas y así podían descansar un poco. Pero antes los padres no tenían otra, porque tampoco había más opciones: el uno trabajar y la otra casarse y hacerse cargo de los niños. Ahora por suerte todo ha cambiado y las mujeres tienen muchas más posibilidades o alternativas, pero también hay gente que quiere gozar de la experiencia de la maternidad. Antes ser madre era una obligación y ahora es una elección.
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martes, 17 de noviembre de 2015

Las chicas no usarían preservativo cuando están enamoradas

Las chicas no usarían preservativo cuando están enamoradas, así lo afirma un estudio realizado por el Instituto Universitario de Investigación en Atención Primaria Jordi Gol. Los especialistas llegaron a la conclusión de que  "Las chicas cuando se sienten muy enamoradas pierden la capacidad de autocuidarse, llegando a consentir relaciones sin preservativo, a pesar del riesgo de embarazos no deseados o de infecciones de transmisión sexual".
El estudio se basa en entrevistas individuales, en grupos de tres tipos de jóvenes (autóctonos de ámbito rural y urbano, magrebíes y latinoamericanos) y concluye que, en las relaciones estables, "la confianza en la pareja se muestra como uno de los motivos para no usar el preservativo, ya que cuando lo hacen sin utilizarlo tienen un sentimiento de “unión” con la pareja", comenta la doctora Saur, una de las especialistas que fue parte del estudio.
Por otro lado asegura que "El uso del condón genera desconfianza en una pareja estable, y la desconfianza introduce un cierto grado de distanciamiento". Sin embargo, en las relaciones esporádicas ya se asume un cierto grado de desconfianza y de libertad sexual.
Otra de las conclusiones del estudio es que el comportamiento femenino en cuanto a la sexualidad se ha homologado de alguna forma con el de los hombres. "Hemos observado una masculinización de la sexualidad femenina, es decir, más relaciones esporádicas y sin preservativo".

Fuente: Wapa
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martes, 10 de noviembre de 2015

CAPÍTULO 3: DESAZÓN (II)

Yo no quiero agobiarla y acabo por no pedírselo nunca. Comprendo que la tarea de ser madre resulta sumamente agotadora, siempre con la teta fuera, sin dormir, trajinando todo el día y toda la noche con los niños... No quiero ser un egoísta insensible y yo la dejo descansar todo lo que los niños le puedan permitir. ¡Eso le faltaba! ¡Tener un tío pesado siempre detrás y fogoso como un perro en celo! Pero aun así, yo estoy aquí. Sólo le pido que de vez en cuando se acuerde de mí y por lo menos se exhiba porque yo me dé mi propio consuelo haciéndome una paja mirándola a ella. Pero aparte que los hijos tampoco le dejan demasiado, parece que nunca se acuerda o lo hace muy a la larga.
Si por casualidad un día encontramos un breve momento y hay cierta disposición de ir más allá que el simple exhibicionismo que mínimamente yo le pido, acabo por cogerla rabioso, con malicia y con tanta gana que me la tiro como un animal feroz. Entonces ella también se vuelve una fiera y follamos, nunca mejor dicho. Parecemos como dos extraños en un encuentro apresurado, egoístamente en busca del placer de cada uno. Pero así yo me corro en un santiamén y no puedo gozar todo lo que me gustaría. Después ambos volvemos a lo que estábamos haciendo o íbamos a hacer. Sin debernos nada. Esto me resulta muy liberador, incomparable a una paja, pero como he dicho, es sumamente infrecuente.
Así que no me queda otra que recurrir a menudo a la masturbación, porque entre unas cosas y otros, como los niños cuando no pueden dormirse, me vuelvo tan irritable que no me aguanto ni yo. Incluso cuando estoy de mal humor con ella, no soy capaz ni de besarla a los labios. Como me digo siempre a mí mismo, a mí follar me hace más bien que dormir. Pienso en esa pobre gente que no tiene con quien retozar y me apiado de ellos pero a menudo también creo que es peor tenerlo al lado y no poderlo ni tocar.
Entonces hace tiempo que he ido aprendiendo a excitarme con estas imágenes imposibles y acciones inimaginables de las películas porno, donde nunca hay fracasos ni impedimentos y a toda hora y en cualquier parte hay ganas; donde el tío tiene siempre el pájaro bien plantado; donde se tiran un minuto chupando un coño y diez minutos chupando un pene; donde hacen todo lo que nosotros hacíamos en los primeros años de nuestra relación, sin que nos lo hubiese enseñado nadie y que además pensaba que ya no había nada por experimentar en este campo. Pero después ves aquí que en realidad aún queda mucho más y tu desazón provoca que también acabes deseando esas otras cosas que para algunos rondan la inmoralidad.
Así, hablando con desvergüenza, hace unos días me hice una paja y la eyaculación hacía tanto tiempo que estaba contenida, que salió literalmente disparada como un láser y lo creáis o no, incluso hizo el ruido de un gran escupitajo. No me había sucedido antes. ¡Casi tumbo el televisor de plasma!
Obviamente esta maniobra siempre lo debo hacer furtivamente, cuando todos duermen, a escondidas, como un adolescente que hace poco que se ha iniciado en el descubrimiento de su cuerpo y su sexualidad, de la que nadie le ha hablado nunca. Con mi mujer no hace falta nada más, pero solo, yo necesito algunas imágenes para proceder a mi auto estimulación. No tengo especial preferencia por lo que puedan hacer sus protagonistas. Sólo necesito unas breves imágenes y un poco de lubricante, porque esta tarea manual es tan rápida y furtiva que voy directamente al asunto, casi sin que mi maquinaria llegue a ponerse a punto por ella misma. Con una chica que yo pueda considerar bonita, me agarro el pájaro con la derecha o con la izquierda bien untada de aceite y en un santiamén, queda liberada toda mi desazón. Después vuelvo a la cama donde duerme con mi primogénito desde hace tiempo. Mi mujer ya hace un buen rato que se ha ido a dormir con el pequeño, al que aún le da pecho.

Pero yo no lo hago solamente como vía de escape para liberarme del estrés o la ansiedad, también lo hago porque me gusta el placer que me proporciona el sexo. Es una de las mejores maneras posibles de gozar de la vida; fuente de paz, armonía, comunicación y equilibrio entre dos personas que se quieren. Me hace sentir más vivo que nunca y me ayuda a fortalecer de manera especial el vínculo con mi mujer. No me aburre o me cansa ni estando enfermo, y si me aburriese, para mí significaría que algo va muy mal en la relación. Quizá yo soy más físico o visceral, y a pesar de que pueda sonar muy mal, o no resulte nada agradable, siendo sincero, a mí el sexo me ayuda a amar, a sentirme unido a una persona, y más aún si ni tan siquiera dormimos juntos. En realidad no sé si esto es una condición del sexo masculino o también habrá más gente así, o si sólo es cosa mía. Lo cierto es que tampoco he tenido nunca con quien hablarlo porque en esta materia, también he sido una persona bastante reservada, además de ser muy introvertido.
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martes, 3 de noviembre de 2015

La robótica del placer

Solemos decir que la tecnología debe estar al servicio de la humanidad, aunque a veces no queda del todo claro, sobre todo si en ese sentido hablamos de llegar con la robótica al máximo extremo, a la máxima frontera: cuando planteamos el contacto inmediato con ella, el encuentro sexual. Si los robots se crean para satisfacer nuestras necesidades habituales, ¿encajarían ahí también las sexuales?
Cuando nos planteamos inventos hoy en día hemos de ser especialmente precavidos y pensar que cuando nosotros vamos alguien (en plural) ya ha ido y ha vuelto. Y la creación de robots con la intención de satisfacer nuestros placeres de dos rombos no es ni mucho menos una excepción a esto.
Es por todos sabido que en la industria del sexo la tecnología lleva décadas existiendo, con gadgets exclusivos destinados a saciar lo que empezó siendo un recurso natural para perpetrar la especie y que antropológicamente hemos transformado en una necesidad individual y desligada a la procreación. Pero la incursión tecnológica va mucho más allá de sencillos dispositivos vibradores, los robots “enteros”, los humanoides propiamente dichos, también tienen ya su recorrido.
El germen del humanoide sexual viene, ni más ni menos, del nazismo, aunque no eran robots propiamente dichos. Al parecer, Heinrich Himmler, jefe de las SS, llevó a cabo el Borghild Field-Hygiene Project, que consistía en la construcción de unas “muñecas sexuales” con tal de frenar el número de casos de sífilis provenientes de los escarceos de los soldados con prostitutas francesas.
Borghild Project
Este proyecto, considerado Geheime Reichssache (algo así como “más secreto que top secret”), consistía en la construcción de tres modelos de muñeca de distintas alturas y pechos “redondos y abundantes” a petición de las SS, según Arthur Rink, su escultor. Se le preguntó a la actriz coetánea Käthe von Nagy si podían tomar su imagen para estas particulares muñecas, a lo que ella se negó.
A finales de los años 70 aparece la primera aproximación a un robot sexual con 36C, la muñeca autómata que diseñó y construyó la extinta empresa británica Sex Objects Ltd., cuya ejecución no fue ni mucho menos tan buena como su idea inicial, quizás adelantada al nivel tecnológico del momento.
La C36 resultó la bancarrota de la empresa que la gestó, aunque no en vano. Aquella máquina cuyo cerebro se basaba en un microprocesador de 16 bits asentó las bases de un nuevo concepto de androide que uniría finalmente la robótica con la potente e imparable industria del sexo.
Tras una mayoría de robots con apariencia femenina, se acuñó entonces el término “ginoide” (es decir, robots antropomórficos con apariencia femenina) en contraposición a la palabra “androide” que estrictamente se refiere a un humanoide con apariencia masculina (aunque en la actualidad se use indistintamente). Una mayoría que se explica debido a que el contexto en los que estos humanoides nacieron era de igualdad de género aspiracional (aún más que ahora) y tras la resaca de tiempos discriminatorios.
Desde aquella C36 tendrían que pasar algunas décadas para que se consolidase una alternativa que cumpliese de manera modesta los términos de robot sexual idealizados tanto por los creadores, ya con la idea de que hubiese algún componente de inteligencia artificial, y los usuarios futuribles. ¿Las claves? Además de la evolución tecnológica y cada vez mejores materiales, había que cubrir otro aspecto: las sensaciones.
Esto es lo que planteó de manera más superficial en el caso de Aiko, un proyecto de un humanoide de aspecto femenino que vino con la controversia bajo el brazo al incluir sensores en los pechos y “ahí abajo”, tal y como se expresa el propio creador, el Dr.Te, en el fragmento donde intentó prevenir la polémica:
"Es posible el uso de Aiko como acompañante. Aiko tiene sensores de sensibilidad en cara y cuerpo, incluyendo pechos e incluso ahí abajo. Puede diferenciar entre ser tocada de manera amable o ser estimulada. Sé que he causado controversia al colocar sensores en las zonas privadas de Aiko. Pero quiero dejar claro que no intento jugar a ser Dios, sólo soy un inventor, y creo que estoy contribuyendo al avance de la ciencia".
Por el momento aún no existe el humanoide capaz de estimular al usuario y al mismo tiempo emular en respuesta las sensaciones y los posibles sentimientos que implica el acto sexual en nuestra especie. Pero sí existen opciones y proyectos de cara a construir este concepto de androide sexual, partiendo de ejemplos como las Fembot japonesas (que pueden alquilarse), con inteligencia artificial y un logrado aspecto humanoide.
Quizás la aproximación más cercana y más reciente al compañero sexual robotizado (en su versión femenina) son las RealDoll, con las que su creador Matt McMullen logra una aproximación lo más cercana posible al coito real atendiendo a los puntos erógenos y trasladando en la medida de lo posible la manera de estimularlos a la maquinaria de estos robots, que además son altamente personalizables (como alto es su precio, entre 5.000 y 10.000 dólares).
¿Qué podría representar el hecho de poder sustituir el componente humano por completo en el 50% de un encuentro sexual? Esto, de momento, es un planteamiento que parece ser utópico. Pero dado el estado actual de este concepto de relación y su aparente evolución en sinergia al avance tecnológico que lo permita, cabe plantear las consecuencias que derivan de la posibilidad actual de las relaciones robot-humano, es decir, la satisfacción física puntual y voluntaria del componente humano.
Se recupera entonces aquella idea primigenia de Himmler con las Borghild para las SS, ya que una de las ventajas de las que se habla es la reducción de la prostitución y por ende una bajada de la incidencia de enfermedades de transmisión sexual. Planteamientos que no se sostienen demasiado si se tienen en cuenta los altísimos precios que estos humanoides pueden alcanzar, y el hecho de que, como toda máquina, requieran un mantenimiento, lo cual sería a su vez clave para frenar el contagio de estas enfermedades.
También se contemplan en el plano terapéutico e incluso didáctico, porque qué mejor solución a la ausencia de compañía o a la inexperiencia que un compañero hecho a la carta. Un robot con inteligencia para conversar (una extrapolación a los actuales chascarrillos de Siri o Cortana) y que además esté preparado mecánicamente para suplir al compañero sexual. Es entonces cuando se abre la veda a las implicaciones psicológicas y a esa costumbre tan humana de rebasar los límites.
Ante la predicción de que aproximadamente en 2025 las relaciones robot-humano sean una realidad que se está generalizando en el gremio de la robótica, surgen los planteamientos éticos como el hecho de que puedan alimentarse conductas patológicas como la pedofilia, como apunta en unas declaraciones Ronald Arkin, experto en robótica del Instituto de Tecnología de Georgia en Atlanta.
Veremos si con el paso de los años el sexo con robots, como el sexo por internet, llegará a sustituir al natural y a cambiar aún más el paradigma de las relaciones.

Fuente: Xataka
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