martes, 8 de diciembre de 2015

CAPÍTULO 5: CONJURO (I)

No es fácil ser padre y menos aún mantener la relación de pareja fresca como cuando nos conocimos. Lo cierto es que yo veía pasar los años y pensaba que aun así, nuestra relación mantenía el enamoramiento apasionado como si aún fuéramos novios. Recuerdo mis cuñados, que cuando nos veían besarnos apasionadamente a toda hora y en cualquier parte nos decían: “¡Ieee! ¡Que pase el aire!”, pero igualmente nos decían que eso es siempre así de bonito al principio, de novios. Después todo cambia. Quizá nosotros no lo creíamos y estábamos haciéndolo durar más que nadie. Escuchaba mucha gente quejarse de la decadencia de su vida conyugal y de la falta de sexo; a menudo se quejaban también del hecho de tener hijos, de las tareas del hogar y lo poco que hacían sus maridos en casa; de lo triste y malo que era finalmente vivir en matrimonio... Entonces yo me sentía más orgulloso aún; me consideraba afortunado porque nuestra relación era muy diferente a todo lo que oía a mi alrededor.
Estaba convencido de que la estima se marchitaba en todas aquellas parejas en las que los hombres no saben ser buenos maridos y yo pensaba que lo era, que aparte de satisfacer a mi pareja en la cama, le ayudaba mucho en casa: yo era quien hacía la compra, quien cocinaba y fregaba los platos; también era una persona ordenada que se ocupaba de limpiar la casa; igualmente cambiaba los pañales o vestía a los niños y jugaba con ellos; les lavaba los dientes; cuidaba de mi mujer y siempre reservaba la mejor porción de la comida para ella, que estaba dando de mamar. Además, también era muy afectuoso con ella y los niños. Igualmente era un hombre muy aseado, que se conservaba bastante bien para su edad, que era activo y que tampoco era de esos que se pasan el tiempo libre con los amigos en el bar o sentado en el sofá mirando el fútbol o las carreras de motos. Estaba convencido de que esta clase de hombre que yo era estaba muy buscado y se cotizaba bien. Entonces, como recompensa y valoración del buen marido que era, igualmente estaba convencido de que resultaba más fácil de estimar y por eso me daban más sexo que al resto de maridos convencionales, dado que al fin y al cabo actualmente el sexo es la moneda con la que se mide el estado de una relación. Por lo menos al principio así era. Pero parece que tarde o temprano...
Después de venir los hijos, también pasó más tiempo y la cosa fue complicándose. Todo empezó con lo de la crianza natural y el colecho. Nada de biberones y de dejar a los niños con los abuelos o en la guardería; conducíamos los niños a golpe de teta y dormíamos todos en la misma habitación después de haber juntado dos camas. Éramos como un “pack” indivisible: la familia al completo siempre juntos, día y noche. Todo se debe decir, es bonito y da gozo, pero siempre hay cosas que no se ven desde fuera.
Yo sin más, como todo el mundo que se estrena en este mundo y toma determinadas decisiones sobre el camino a seguir, acepté lo de la crianza natural y el colecho sin saber todo lo que afectaría la vida de pareja. Está claro que puede resultar lo mejor para los hijos y su desarrollo, que al fin y al cabo ellos son lo más importante del mundo,... pero a pesar de que pueda parecer egoísta, debo decir que por delante están los padres. Si entre ellos no se cuidan, no mantienen su unión, no se sienten a gusto, no acabarán dando a los hijos todo lo que en realidad se busca con este o cualquier otro modelo educativo. Por eso se inventaron las guarderías, los tíos, los abuelos, las cuidadoras infantiles, las habitaciones para los niños, las cunas y los biberones... Porque las parejas, los hombres y las mujeres, necesitaban tiempo para ellos y sus cosas.
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martes, 1 de diciembre de 2015

Razones por las que los hombres no desean usar el condón

La explosión demográfica y el aumento entre la población de enfermedades de transmisión sexual son suficientes motivos para el uso del condón en cada acto íntimo, sin embargo, ¿por qué, aún con la información en medios e instituciones, los hombres de niegan al uso de preservativo?
De acuerdo con Ivonne Vanessa Silva, coordinadora nacional del Programa Gente Joven de la Fundación Mexicana para la Planeación Familiar (Mexfam), las mujeres tienen su primera relación a los 16 años en promedio y 64 % de ellas, de entre 15 a 19 años, no usan métodos anticonceptivos.
MÁS ALLÁ DEL LÁTEX
La industria ha invertido grandes esfuerzo para incrementar la resistencia y aumentar el placer en el uso de los condones, pero, ¿por qué los hombres se niegan a usarlos? Con información del urólogo y andrólogo de la Fundación Puigvert, Antonio Fernández Lozano, te ofrecemos cuatro razones:

  1. Psicológicas: Muchos hombres sienten que al ponerse un condón pierden sensibilidad en el pene, porque dejan de tener contacto directo con la humedad de la vagina, un lugar cálido y acogedor para ellos.
  2. Pierden la pasión: El simple hecho de interrumpir la relación sexual puede hacer que pierdan la erección.
  3. Biológicas: Antes que nada, somos animales. Y como animales que somos, la función de las relaciones sexuales es, esencialmente, reproducirse. Por tanto, muchos hombres pueden descartar el uso de condón de forma casi instintiva.
  4. Condición física: Algunos hombres son alérgicos al látex e igual que un cirujano alérgico no podría usar guantes de látex, tampoco pueden ponerse un preservativo.

Los programas de educación sexual pueden retrasar la edad en que los adolescentes comienzan a tener relaciones sexuales, además de reducir el número de parejas con las que tienen intimidad y aumentar el uso de condón.
Recuerda que en la sexualidad todo está permitido, siempre que exista respeto y confianza en la pareja.

Fuente: Revolución tres punto cero
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martes, 24 de noviembre de 2015

CAPÍTULO 4: MADRE

El hecho de ser madre es una experiencia que no cambiaría por nada del mundo, pero también dicen del embarazo que es una vivencia maravillosa y muy bonita para la mujer, a pesar de que los míos no fueron así.  Resultaron más largos de lo habitual, llenos de angustias, incomodidades y dolores, aparte que también acabaron teniendo que provocarme los dos partos y me dejaran el coño como para no volvérmelo a tocar. Además, desde el primer embarazo y hasta día de hoy, no he podido dormir una noche entera.
En el primer parto sentí sensaciones muy fuertes, donde creía que el nacimiento de una criatura incluso podía dar paso a la muerte de otra. Pero después de tantos sufrimientos y una tijeretada, en unos instantes sentí un gran relax, alegría, paz y amor, tanto para el ser que había estado formando parte de mí, como para mi pareja. Él había estado a mi lado durante todo este largo proceso dando todo su apoyo. En estos momentos el bebé ya empezaba a formar parte de los dos. Ahora ya éramos tres, es decir, el tiempo que dedicaba a mi pareja, a mí misma, a mis aficiones, a mi trabajo o a otras personas, pasó a ser casi exclusivamente para el recién nacido.
La maternidad empezó siendo un tanto dura, sobre todo por la inexperiencia de los dos, acompañado por el hecho de darle pecho, que es una sensación muy bonita e inigualable como también dice mucha gente. Lo que no te dicen es que ya no podrás ni ir a cagar sola. Nuestro primer hijo tenía un “apego” tan grande, que no quería estar al brazo de nadie y entonces dejé de tener tiempo para cualquier otro.
La verdad es que la crianza absorbe mucho a la persona que está criándolo. Se forma como un círculo alrededor de ver si ha dormido, ha cagado, ha comido, ha meado; si tiene hambre, sueño, quiere jugar... El niño es el centro de toda tu atención para que esté bien. Sin percatarte, ya no practicas tus aficiones; ya no sabes qué es de los amigos y lo más importante, que la persona con quien decidiste empezar esta aventura se puede sentir desplazada, porque ya no tienes ese tiempo para poderla estimar a solas o simplemente darle toda tu atención. Incluso escasean esos pequeños gestos que teníamos antes y que no te percatas lo importantes que son hasta que ya no los tienes.
Tenía muy claro que no quería repetir la experiencia del embarazo y el parto, pero los años pasaron, nosotros también nos hacíamos más mayores y acabamos decidiendo tener otro hijo para que este no estuviese solo y también tuviera con quien jugar. Todos me decían que el segundo sería más fácil, que ya tenía el camino hecho, pero parece que este quiso hacerse su propio camino y todo resultó igual de complicado que con el primero. Ahora ya somos cuatro, aunque pienso que sólo nos quedarán unos dos o tres años más de sufrir un poco, hasta que el pequeño tenga ya más autonomía.
Lo cierto es que desde que fuimos padres, ya no nos hemos ido a cenar ninguno de los dos a solas con amigos o compañeros de trabajo ni a cualquier otro lugar por nuestra cuenta. Nos pasamos la vida quedando con los amigos cuando los encontramos por la calle, pero lo cierto es que no llegamos a juntarnos nunca con ellos.
Después del trabajo o estar todo el día con los niños, no nos queda tiempo ni ganas para nada más. No sé cómo se lo apañarían mis padres con cuatro hijos. Con razón nos íbamos a la casita todos los fines de semana, porque allá nos dejaban sueltos como gallinas y así podían descansar un poco. Pero antes los padres no tenían otra, porque tampoco había más opciones: el uno trabajar y la otra casarse y hacerse cargo de los niños. Ahora por suerte todo ha cambiado y las mujeres tienen muchas más posibilidades o alternativas, pero también hay gente que quiere gozar de la experiencia de la maternidad. Antes ser madre era una obligación y ahora es una elección.
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martes, 17 de noviembre de 2015

Las chicas no usarían preservativo cuando están enamoradas

Las chicas no usarían preservativo cuando están enamoradas, así lo afirma un estudio realizado por el Instituto Universitario de Investigación en Atención Primaria Jordi Gol. Los especialistas llegaron a la conclusión de que  "Las chicas cuando se sienten muy enamoradas pierden la capacidad de autocuidarse, llegando a consentir relaciones sin preservativo, a pesar del riesgo de embarazos no deseados o de infecciones de transmisión sexual".
El estudio se basa en entrevistas individuales, en grupos de tres tipos de jóvenes (autóctonos de ámbito rural y urbano, magrebíes y latinoamericanos) y concluye que, en las relaciones estables, "la confianza en la pareja se muestra como uno de los motivos para no usar el preservativo, ya que cuando lo hacen sin utilizarlo tienen un sentimiento de “unión” con la pareja", comenta la doctora Saur, una de las especialistas que fue parte del estudio.
Por otro lado asegura que "El uso del condón genera desconfianza en una pareja estable, y la desconfianza introduce un cierto grado de distanciamiento". Sin embargo, en las relaciones esporádicas ya se asume un cierto grado de desconfianza y de libertad sexual.
Otra de las conclusiones del estudio es que el comportamiento femenino en cuanto a la sexualidad se ha homologado de alguna forma con el de los hombres. "Hemos observado una masculinización de la sexualidad femenina, es decir, más relaciones esporádicas y sin preservativo".

Fuente: Wapa
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martes, 10 de noviembre de 2015

CAPÍTULO 3: DESAZÓN (II)

Yo no quiero agobiarla y acabo por no pedírselo nunca. Comprendo que la tarea de ser madre resulta sumamente agotadora, siempre con la teta fuera, sin dormir, trajinando todo el día y toda la noche con los niños... No quiero ser un egoísta insensible y yo la dejo descansar todo lo que los niños le puedan permitir. ¡Eso le faltaba! ¡Tener un tío pesado siempre detrás y fogoso como un perro en celo! Pero aun así, yo estoy aquí. Sólo le pido que de vez en cuando se acuerde de mí y por lo menos se exhiba porque yo me dé mi propio consuelo haciéndome una paja mirándola a ella. Pero aparte que los hijos tampoco le dejan demasiado, parece que nunca se acuerda o lo hace muy a la larga.
Si por casualidad un día encontramos un breve momento y hay cierta disposición de ir más allá que el simple exhibicionismo que mínimamente yo le pido, acabo por cogerla rabioso, con malicia y con tanta gana que me la tiro como un animal feroz. Entonces ella también se vuelve una fiera y follamos, nunca mejor dicho. Parecemos como dos extraños en un encuentro apresurado, egoístamente en busca del placer de cada uno. Pero así yo me corro en un santiamén y no puedo gozar todo lo que me gustaría. Después ambos volvemos a lo que estábamos haciendo o íbamos a hacer. Sin debernos nada. Esto me resulta muy liberador, incomparable a una paja, pero como he dicho, es sumamente infrecuente.
Así que no me queda otra que recurrir a menudo a la masturbación, porque entre unas cosas y otros, como los niños cuando no pueden dormirse, me vuelvo tan irritable que no me aguanto ni yo. Incluso cuando estoy de mal humor con ella, no soy capaz ni de besarla a los labios. Como me digo siempre a mí mismo, a mí follar me hace más bien que dormir. Pienso en esa pobre gente que no tiene con quien retozar y me apiado de ellos pero a menudo también creo que es peor tenerlo al lado y no poderlo ni tocar.
Entonces hace tiempo que he ido aprendiendo a excitarme con estas imágenes imposibles y acciones inimaginables de las películas porno, donde nunca hay fracasos ni impedimentos y a toda hora y en cualquier parte hay ganas; donde el tío tiene siempre el pájaro bien plantado; donde se tiran un minuto chupando un coño y diez minutos chupando un pene; donde hacen todo lo que nosotros hacíamos en los primeros años de nuestra relación, sin que nos lo hubiese enseñado nadie y que además pensaba que ya no había nada por experimentar en este campo. Pero después ves aquí que en realidad aún queda mucho más y tu desazón provoca que también acabes deseando esas otras cosas que para algunos rondan la inmoralidad.
Así, hablando con desvergüenza, hace unos días me hice una paja y la eyaculación hacía tanto tiempo que estaba contenida, que salió literalmente disparada como un láser y lo creáis o no, incluso hizo el ruido de un gran escupitajo. No me había sucedido antes. ¡Casi tumbo el televisor de plasma!
Obviamente esta maniobra siempre lo debo hacer furtivamente, cuando todos duermen, a escondidas, como un adolescente que hace poco que se ha iniciado en el descubrimiento de su cuerpo y su sexualidad, de la que nadie le ha hablado nunca. Con mi mujer no hace falta nada más, pero solo, yo necesito algunas imágenes para proceder a mi auto estimulación. No tengo especial preferencia por lo que puedan hacer sus protagonistas. Sólo necesito unas breves imágenes y un poco de lubricante, porque esta tarea manual es tan rápida y furtiva que voy directamente al asunto, casi sin que mi maquinaria llegue a ponerse a punto por ella misma. Con una chica que yo pueda considerar bonita, me agarro el pájaro con la derecha o con la izquierda bien untada de aceite y en un santiamén, queda liberada toda mi desazón. Después vuelvo a la cama donde duerme con mi primogénito desde hace tiempo. Mi mujer ya hace un buen rato que se ha ido a dormir con el pequeño, al que aún le da pecho.

Pero yo no lo hago solamente como vía de escape para liberarme del estrés o la ansiedad, también lo hago porque me gusta el placer que me proporciona el sexo. Es una de las mejores maneras posibles de gozar de la vida; fuente de paz, armonía, comunicación y equilibrio entre dos personas que se quieren. Me hace sentir más vivo que nunca y me ayuda a fortalecer de manera especial el vínculo con mi mujer. No me aburre o me cansa ni estando enfermo, y si me aburriese, para mí significaría que algo va muy mal en la relación. Quizá yo soy más físico o visceral, y a pesar de que pueda sonar muy mal, o no resulte nada agradable, siendo sincero, a mí el sexo me ayuda a amar, a sentirme unido a una persona, y más aún si ni tan siquiera dormimos juntos. En realidad no sé si esto es una condición del sexo masculino o también habrá más gente así, o si sólo es cosa mía. Lo cierto es que tampoco he tenido nunca con quien hablarlo porque en esta materia, también he sido una persona bastante reservada, además de ser muy introvertido.
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martes, 3 de noviembre de 2015

La robótica del placer

Solemos decir que la tecnología debe estar al servicio de la humanidad, aunque a veces no queda del todo claro, sobre todo si en ese sentido hablamos de llegar con la robótica al máximo extremo, a la máxima frontera: cuando planteamos el contacto inmediato con ella, el encuentro sexual. Si los robots se crean para satisfacer nuestras necesidades habituales, ¿encajarían ahí también las sexuales?
Cuando nos planteamos inventos hoy en día hemos de ser especialmente precavidos y pensar que cuando nosotros vamos alguien (en plural) ya ha ido y ha vuelto. Y la creación de robots con la intención de satisfacer nuestros placeres de dos rombos no es ni mucho menos una excepción a esto.
Es por todos sabido que en la industria del sexo la tecnología lleva décadas existiendo, con gadgets exclusivos destinados a saciar lo que empezó siendo un recurso natural para perpetrar la especie y que antropológicamente hemos transformado en una necesidad individual y desligada a la procreación. Pero la incursión tecnológica va mucho más allá de sencillos dispositivos vibradores, los robots “enteros”, los humanoides propiamente dichos, también tienen ya su recorrido.
El germen del humanoide sexual viene, ni más ni menos, del nazismo, aunque no eran robots propiamente dichos. Al parecer, Heinrich Himmler, jefe de las SS, llevó a cabo el Borghild Field-Hygiene Project, que consistía en la construcción de unas “muñecas sexuales” con tal de frenar el número de casos de sífilis provenientes de los escarceos de los soldados con prostitutas francesas.
Borghild Project
Este proyecto, considerado Geheime Reichssache (algo así como “más secreto que top secret”), consistía en la construcción de tres modelos de muñeca de distintas alturas y pechos “redondos y abundantes” a petición de las SS, según Arthur Rink, su escultor. Se le preguntó a la actriz coetánea Käthe von Nagy si podían tomar su imagen para estas particulares muñecas, a lo que ella se negó.
A finales de los años 70 aparece la primera aproximación a un robot sexual con 36C, la muñeca autómata que diseñó y construyó la extinta empresa británica Sex Objects Ltd., cuya ejecución no fue ni mucho menos tan buena como su idea inicial, quizás adelantada al nivel tecnológico del momento.
La C36 resultó la bancarrota de la empresa que la gestó, aunque no en vano. Aquella máquina cuyo cerebro se basaba en un microprocesador de 16 bits asentó las bases de un nuevo concepto de androide que uniría finalmente la robótica con la potente e imparable industria del sexo.
Tras una mayoría de robots con apariencia femenina, se acuñó entonces el término “ginoide” (es decir, robots antropomórficos con apariencia femenina) en contraposición a la palabra “androide” que estrictamente se refiere a un humanoide con apariencia masculina (aunque en la actualidad se use indistintamente). Una mayoría que se explica debido a que el contexto en los que estos humanoides nacieron era de igualdad de género aspiracional (aún más que ahora) y tras la resaca de tiempos discriminatorios.
Desde aquella C36 tendrían que pasar algunas décadas para que se consolidase una alternativa que cumpliese de manera modesta los términos de robot sexual idealizados tanto por los creadores, ya con la idea de que hubiese algún componente de inteligencia artificial, y los usuarios futuribles. ¿Las claves? Además de la evolución tecnológica y cada vez mejores materiales, había que cubrir otro aspecto: las sensaciones.
Esto es lo que planteó de manera más superficial en el caso de Aiko, un proyecto de un humanoide de aspecto femenino que vino con la controversia bajo el brazo al incluir sensores en los pechos y “ahí abajo”, tal y como se expresa el propio creador, el Dr.Te, en el fragmento donde intentó prevenir la polémica:
"Es posible el uso de Aiko como acompañante. Aiko tiene sensores de sensibilidad en cara y cuerpo, incluyendo pechos e incluso ahí abajo. Puede diferenciar entre ser tocada de manera amable o ser estimulada. Sé que he causado controversia al colocar sensores en las zonas privadas de Aiko. Pero quiero dejar claro que no intento jugar a ser Dios, sólo soy un inventor, y creo que estoy contribuyendo al avance de la ciencia".
Por el momento aún no existe el humanoide capaz de estimular al usuario y al mismo tiempo emular en respuesta las sensaciones y los posibles sentimientos que implica el acto sexual en nuestra especie. Pero sí existen opciones y proyectos de cara a construir este concepto de androide sexual, partiendo de ejemplos como las Fembot japonesas (que pueden alquilarse), con inteligencia artificial y un logrado aspecto humanoide.
Quizás la aproximación más cercana y más reciente al compañero sexual robotizado (en su versión femenina) son las RealDoll, con las que su creador Matt McMullen logra una aproximación lo más cercana posible al coito real atendiendo a los puntos erógenos y trasladando en la medida de lo posible la manera de estimularlos a la maquinaria de estos robots, que además son altamente personalizables (como alto es su precio, entre 5.000 y 10.000 dólares).
¿Qué podría representar el hecho de poder sustituir el componente humano por completo en el 50% de un encuentro sexual? Esto, de momento, es un planteamiento que parece ser utópico. Pero dado el estado actual de este concepto de relación y su aparente evolución en sinergia al avance tecnológico que lo permita, cabe plantear las consecuencias que derivan de la posibilidad actual de las relaciones robot-humano, es decir, la satisfacción física puntual y voluntaria del componente humano.
Se recupera entonces aquella idea primigenia de Himmler con las Borghild para las SS, ya que una de las ventajas de las que se habla es la reducción de la prostitución y por ende una bajada de la incidencia de enfermedades de transmisión sexual. Planteamientos que no se sostienen demasiado si se tienen en cuenta los altísimos precios que estos humanoides pueden alcanzar, y el hecho de que, como toda máquina, requieran un mantenimiento, lo cual sería a su vez clave para frenar el contagio de estas enfermedades.
También se contemplan en el plano terapéutico e incluso didáctico, porque qué mejor solución a la ausencia de compañía o a la inexperiencia que un compañero hecho a la carta. Un robot con inteligencia para conversar (una extrapolación a los actuales chascarrillos de Siri o Cortana) y que además esté preparado mecánicamente para suplir al compañero sexual. Es entonces cuando se abre la veda a las implicaciones psicológicas y a esa costumbre tan humana de rebasar los límites.
Ante la predicción de que aproximadamente en 2025 las relaciones robot-humano sean una realidad que se está generalizando en el gremio de la robótica, surgen los planteamientos éticos como el hecho de que puedan alimentarse conductas patológicas como la pedofilia, como apunta en unas declaraciones Ronald Arkin, experto en robótica del Instituto de Tecnología de Georgia en Atlanta.
Veremos si con el paso de los años el sexo con robots, como el sexo por internet, llegará a sustituir al natural y a cambiar aún más el paradigma de las relaciones.

Fuente: Xataka
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martes, 27 de octubre de 2015

CAPÍTULO 3: DESAZÓN (I)

No me gusta nada hacerme pajas mirando una película porno. Lo considero vulgar, triste y pobre, y más aún para un hombre casado ya bastante adulto, pero no me queda otra porque la abstinencia me pone de muy mal humor. Incluso me dedico a contar los días sin actividad sexual y llega un punto que sería capaz de follarme una piedra con agujero que se cruzara en mi camino.
Como toda persona de nuestra sociedad moderna, acabamos arrastrando estrés o ansiedad por el trabajo, por las exigencias del ritmo de vida, por la economía doméstica y los pagos, por los hijos... Entonces a menudo necesito manumitir mi desazón. A veces canalizo la vía de escape hacia la comida, pero como soy un glotón con tendencia a engordar, me gusta más liberarme de mis tensiones con una dosis de sexo. Es muchísimo más saludable.
 Hay un inconveniente: una vez probado en compañía, practicar el sexo en solitario y a escondidas es sumamente aburrido, insulso, poco excitante y breve. A mí me gusta mi mujer y hacerlo con ella, pero esto no se da con la frecuencia que yo necesito o a mí me gustaría. Imaginemos que yo quisiese sexo todos los días (100%) y ponemos que ella no quisiese nunca (0%); la media de los dos sería el 50%. Es decir, en una relación equilibrada, en la que hay consenso y se tienen en cuenta las dos partes, día sí y día no, debería haber sexo. Si hubiese algún día que yo no tuviera ganas, por el día que ella pueda tener. Entonces, más o menos seguiríamos estando alrededor del cincuenta por ciento de frecuencia. Pero tampoco es que yo quiera plantar el nabo y rascarle el chocho prácticamente un día tras otro, pero si antes practicábamos sexo a menudo, no acababa de entender porque ahora no.
Sé que esto a ella le cansaría o pienso que ahora le aburre, además de que no está en su mejor momento para esta tarea conyugal. Ahora están los hijos por en medio, pero siempre se puede encontrar un instante y hacer el esfuerzo de complacerme un poco. Se lo he dicho mil veces y siempre se ha quedado en nada: “Sólo que te dejes ver un poco desnudita o te pongas un tanga o te dejes tocar, yo ya me lo arreglo a mano; lo hago rápido”, pero nada. Ni esto resulta posible.
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martes, 20 de octubre de 2015

¿Ver pornografía provoca impotencia?

La disfunción eréctil, más conocida como impotencia sexual, afecta en España a más de 2 millones de hombres. Pero, a pesar de que se han realizado diversos estudios sobre su relación con el consumo de material pornográfico, lo cierto es que las conclusiones difieren.
Una investigación publicada en 2013 en la revista The Journal of Sexual Medicine y llevada a cabo por investigadores de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) afirmaba haber encontrado una relación causa-efecto entre el consumo de contenidos sexualmente explícitos y los futuros comportamientos sexuales de los jóvenes, como un factor más de las posibles causas de la disfunción sexual.
El estudio más reciente, publicado también en la revista The Journal of Sexual Medicine y llevado a cabo por el Departamento de Sociología de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de Zagreb (Croacia) plantea que no existe relación alguna entre el consumo de pornografía y los posibles futuros problemas de erección.
Y es que muchos expertos están de acuerdo en que el abuso de sustancias estupefacientes, llevar un estilo de vida poco saludable, la depresión, el estrés o la desinformación son los factores clave que conducen a la mayoría de disfunciones sexuales masculinas.
Sin embargo, otros estudios sí han planteado que el uso exclusivo y obsesivo de pornografía puede provocar problemas a la hora de, por ejemplo, controlar la eyaculación, el temible “gatillazo” o miedo a fallar, según resalta José Bustamante, vicepresidente de la Asociación de Especialistas en Sexología en su libro “¿En qué piensan los hombres?”.
Lo cierto es que la pornografía no ayuda a la hora de aprender y aceptar una sexualidad normalizada; sobre cómo son las relaciones sexuales naturales y no ficticias y que en ningún caso hay que asociar con un balance de conocimientos como si de un examen se tratara.
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martes, 13 de octubre de 2015

CAPÍTULO 2: TETA

Descubrí el placer del sexo tarde y por casualidad, cuando mis tetas hacía ya bastante de tiempo que habían crecido todo lo que debían crecer. Fue en el excusado, mientras renegaba de la menstruación y las compresas porque aquel día me había venido por sorpresa. Era verano y había quedado con mis amigos y amigas para ir a la piscina del pueblo. Entonces debí proceder a meterme un tampón. No era la primera vez que lo hacía, pero casualmente aquel día tan inusual percibí un pequeño atisbo de placer mientras acometía esta tarea. Entonces, con incredulidad, empecé la búsqueda de aquella oculta fuente de placer. Por primera vez invertí tiempo en la exploración de esta franja de mi cuerpo, que excepto por la menstruación, había pasado prácticamente desapercibida. Con los dedos me acaricié con suavidad, saboreando todas aquellas sensaciones nuevas que por primera vez brotaron entre el vello de mi pubis adolescente. Así, experimenté mi primer orgasmo con los dedos bañados de sangre.
No se puede decir a que lo hubiese hecho a la perfección, pero desde aquel primer momento poco a poco fui aprendiendo a darme de vez en cuando un poco de placer a mí misma, únicamente con los dedos, sin hacer uso de ningún aparato ni meterme nada dentro de la vagina, a pesar de que aún no había llegado a descubrir el botón que ponía en marcha el placer en toda su dimensión. Pero eso pasaría bastante más tarde y con un chico.
Yo era una chica muy reservada. Nunca había hablado de sexo con las amigas, porque en realidad, aparte que ellas se movían poco, sólo se dedicaban a criticar a esta o la otra, a hablar de ropa o de chicos. Tampoco hablé de mi descubrimiento y si ellas lo hicieron, cosa que me habría gustado escuchar con detenimiento, me lo perdí. Desde pequeña yo realmente prefería estar con los chicos. Había más acción, además de que los consideraba bastante más interesantes y también lo pasábamos mejor, jugando al balón, tirando piedras al río para tratar de atravesarlo, haciendo cabañas o explorando nuevos caminos y escondrijos o haciendo carreras con nuestras bicicletas. Aquello de jugar con muñecas o a hacer comidas no iba conmigo. Los años fueron pasando y yo tampoco cambié demasiado. No se puede decir que a mí me arrastraran las hormonas.
La mayoría de mis amigas empezaron a preocuparse más por el tamaño de sus tetas y por gustar a los chicos que por conocerlos. Yo, al contrario, trataba con ellos cada día y mis tetas eran una parte más de mi cuerpo que casi pasaba desapercibida. El sexo para mí también era un elemento más en mi vida, que en absoluto me gobernaba, y hasta día de hoy, no me considero una persona demasiado fogosa. Digamos que hay gente que necesita comer chocolate todos los días y a mí me gusta más comer de vez en cuando y saborearlo. Además, si se hace a menudo cansa y se vuelve aburrido. Pienso que hacerlo más a la larga provoca que se haga con más ganas y pasión.
Todo lo que debía descubrir y experimentar en este campo, lo hice cerca de los treinta años, con el chico que después sería mi marido y padre de mis hijos. Y tengo claro que para mí, para que haya sexo, primero ha de haber estima. No le encuentro sentido de otra manera. Él me abrió las puertas de un placer mayor, pero aun así, nada que cambiase mi prioridad con respecto al sexo. Entonces no se puede decir que yo tenga más aspiraciones o ambiciones en el campo de la sexualidad, aparte que tampoco tengo demasiado tiempo o ganas. Para mí, lo que verdaderamente importa es sentirme amada, como la mayoría de gente. Me considero una persona sencilla que intenta ser feliz y pasar el máximo tiempo con aquellos a los que ama, pasándolo bien, riendo, descubriendo lugares nuevos, conociendo gente mientras vemos como crecen nuestros hijos.
No he tenido nunca unos pechos grandes pero tampoco me he sentido acomplejada, además puedo decir que estoy muy satisfecha de ellos porque han podido dar de mamar a mis dos hijos de manera casi exclusiva durante tres años al mayor y voy por el mismo camino con el pequeño. En cambio, otras mujeres bien cargadas de tetas, como tanto gustan a muchos hombres, no han podido dar de mamar. Las tienen sólo de adorno, únicamente para goce de la pareja, o incluso algunas ni tan siquiera para semejante menester. Eso sí, ahora hace tiempo que tengo una buena pechera, a pesar de que siempre tengo a alguien enganchado chupándolas o acariciándolas, y no es precisamente mi marido. ¡Pobrecito! Entre uno y otro, no se las dejan ni tocar.
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martes, 6 de octubre de 2015

La sexualidad cambia en los últimos tiempos

A lo largo de los años se ha vivido una evolución muy importante en la que las mujeres han logrado una gran liberación en ámbitos laborales, políticos, deportivos y sociales, los cuales en la mayoría de los casos eran abordados por hombres. A pesar de que este cambio se ha hecho más visible en el área laboral y social, también ha provocado cambios en la sexualidad.
Antes. En la antigüedad, una pareja común era en la que el hombre llevaba los pantalones de la relación y la mujer obedecía lo que se le pedía. Al mantener relaciones sexuales la situación no cambiaba; el placer era exclusivamente pensado para el hombre, no importando si la mujer tenía o no satisfacción, gusto o incluso molestia pues solían ser sumisas a lo que el hombre pidiera para complacerlo.
En la actualidad. Hoy en día, la realidad de las mujeres ha cambiado y cada vez más manifiestan su necesidad de tener relaciones sexuales placenteras y exigen gozar de los beneficios tantos físicos como psicológicos que brinda disfrutar de su intimidad. Este empoderamiento femenino ha significado para el hombre un replanteamiento de su papel en diversos ámbitos, pero sobre todo en el sexual.
Problemas en la intimidad. Las patologías, que los hombres disimulaban desde tiempos remotos, como la eyaculación precoz o la disfunción eréctil, actualmente afectan al 50% de los hombres mayores de 40 años. Antes era imposible que el desempeño sexual del varón fuera expuesto ante la sociedad, pues existían grandes tabúes y mitos en torno al sexo y al placer. Pero gracias a esta apertura en la que las mujeres participan activamente para resolverlas, se ha logrado acortar hasta en un 50% en tiempo para buscar soluciones médicas y que ellos acepten atenderse con especialistas.
Ellos. En los casos de las patologías que impiden que el hombre no pueda mantener una relación sexual satisfactoria, es indispensable acudir a un experto en salud sexual masculina, pues puede ser una alerta de que algo en el cuerpo, derivado de diabetes, hipertensión, colesterol, medicamentos o malos hábitos, entre muchas otras, no está funcionando correctamente", comentó la sexóloga Teresa Flores.
Consejo. "El desarrollo de una sexualidad plena requiere de mucha comunicación y conocimiento de nuestro cuerpo y el de nuestra pareja para poder gozar de una vida sexual plena". Es importante que la pareja mantenga una comunicación abierta y constante.

Fuente: El Sol
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